Mediterráneo

Un mosaico de paisajes y colores.

El Languedoc-Rosellón, el país ideal para las vacaciones, abierto sobre un mosaico de colores y una impresionante paleta de tradiciones y paisajes.

El Sur de Francia, el país ideal para las vacaciones, abierto sobre un mosaico de colores y una impresionante paleta de tradiciones y paisajes.

En la Camarga, corren en libertad manadas salvajes de caballos blancos. En las marismas, hay miles de flamencos volando y los gardians manejan manadas de toros negros y ágiles. Los faros se levantan altivos y parecen provocar a los “fórmula 1” del mar que se deslizan por la espuma de las olas de un mar intensamente azul. Procedentes de Port Camargue, catamaranes gigantes navegan por la línea del horizonte.

Los barcos pesqueros entran en el puerto y tras su estela vuelan bandadas de gaviotas. En los muelles, los turistas amantes de las lubinas y las doradas, esperan mirando ligeramente intrigados a los pescadores inclinados sobre las "tintaines" de sus barcas rojas y azules.

En el extremo de un brazo de mar lleno de barcazas, las montañas de sal dominan grandes extensiones de agua roja. Un poco más lejos, se forman infinidad de dunas. La playa se extiende por 200 kilómetros con localidades costeras acogedoras, sus oasis para naturistas, Sète, su «isla singular» con aires venecianos y una luz única en la Côte Vermeille y Collioure, que inspiró a Picasso y a Matisse.

Y después están las cabañas de paja, plantadas sobre la arena solo para el verano. En ellas podremos comer, degustar vinos locales y también broncearnos. Son exóticas, fashion, sexys, glamurosas. Para todos los gustos. Los verdes golfos de Saint Cyprien o de La Grande Motte están muy cerca. Los caminos para hacer senderismo, trazados en valles que parecen Córcega, dominan el mar y las lagunas.

¡Rumbo al Sur! La tramontana barre nuevas playas de arena fina. Los surfistas se agarran a sus alas multicolores para elevarse hacia el cielo azul. En el límite de la Côte Vermeille, los submarinistas se sumergen en los fondos marinos de Banyuls o de Cerbère repletos de corales rojos y de rayas blancas. Los Pirineos llegan hasta el mismo mar azul.

Al pie de acantilados vertiginosos se esconden pequeñas calas. Calas que, al igual que las playas, los anfiteatros romanos, los museos o las villas medievales bañadas por el sol, forman otros tantos hermosos decorados ideales para pasar unas vacaciones a orillas del Mediterráneo.

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