Puente del Gard Las bonitas imágenes de vacaciones en el Puente del Gard

Puente del Gard Las bonitas imágenes de vacaciones en el Puente del Gard

Puente del Gard Las bonitas imágenes de vacaciones en el Puente del Gard

Las bonitas imágenes de vacaciones en el Puente del Gard

El Puente del Gard no es un monumento paralizado. Vive. Bailes, conciertos, visitas, exposiciones, baños... atrae siempre a una gran masa que no deja de fotografiar a este centinela de piedra.

Puente del Gard. Orilla derecha. 9 horas. Delante del acueducto, un grupo de jóvenes japoneses levantan los brazos, se dan palmas en la espalada y se felicitan. Uno de ellos sube a un pequeño murete e intenta, con su iPhone, fotografiar el puente. Vuelve a bajar, enseñar la pequeña pantalla del teléfono a sus colegas. Manifiestamente, hay un problema. No están contentos. El más pequeño saca de su mochila una tableta Samsung, sube a su vez al murete con su tableta táctil en la mano y fotografía de nuevo el Puente. Vuelve a bajar y enseña el resultado a sus amigos y amigas. Gritos de alegría. El puente por fin ha encontrado una pantalla a su medida.

¡En efecto! Todos quieren hacerle fotos al Puente del Gard. Bajo todos los ángulos. Y que no falte ninguno. Los arcos ocres, claro. La foto de familia bajo el viaducto, evidentemente. Las canoas sobre el agua clara del Gardon. Las coquetas chozas en las playas donde da gusto relajarse. Los olivos centenarios. O incluso las barracas. No se olvide: la reconstitución de la cantera romana en el museo.

Y, está la gente que baila tango una noche. Escuchan música disco al día siguiente. Se regalan estar en un restaurante bajo los plátanos. El Puente del Gard no es un monumento paralizado. Los niños se divierten en él. A la orilla del agua claro está. Pero también en un espacio ludoteca que está dedicado por completo a ellos.

En el emplazamiento, se encadenan las visitas. Los japoneses se han inscrito en la que les llevará a lo más alto del acueducto. Otro punto de vista para unas bonitas fotos de vacaciones. Un poco más tarde, reagrupados bajo los brumizadores de la terraza de acogida, envían por correo las fotos del Puente a un amigo que se ha quedado en su país antes de subirse al coche. En dirección a la estación de Nimes y París. Se habrán perdido otra instantánea. Cuando cae la noche, el monumento se viste de luz. ¡Sin duda increíble!

¡Gigante de piedra!

El puente romano más alto del mundo

En el siglo I d.C., “Nemauso” está en auge.  La ciudad necesita mucha agua para las termas, los baños, las fuentes, el agua corriente de las casas y... para su prestigio. Nimes la antigua decide dotarse, como Roma, de un acueducto que va a llevar el agua de las fuentes del Eure cerca de Uzès al Castellum de Nimes. De ese modo nace el Puente del Gard.

 
Entre el azul del cielo y el verde de la garriga, se desvela repentinamente a la mirada del visitante. Ataviado del color ocre de sus piedras acentuado por el sol, el edificio fuerza la admiración debido a su arquitectura. El puente del Gard que culmina a cerca de 49 metros resume él solo la ingeniería constructora de los romanos que construyeron aquí su puente más elevado.

Hay que detenerse para observarlo a distancia y aprehenderlo en su conjunto. Adosado a dos vertientes verdosas que une en 275 metros, bien anclado a su base en la roca bruta del Gardon, el puente ofrece a la vista tres pisos de arcos perfectamente alineados en los dos primeros niveles. Gracias a esta arquitectura, el monumento no enmascara el paisaje, lo deja transparentarse. Si se mira bien se descubre que los arcos son de tamaños desiguales, el más grande con sus 24,5 m franquea el Gardon que corre apaciblemente pero puede convertirse en tumultuoso cuando caen fuertes lluvias.

Pillajes

Compuesto por seis arcos de más de 21 metros de altura, el nivel inferior soporta los once arcos del segundo piso, y coronando todo, se encuentra una fila de arcos más estrechos y más bajos que los demás. Sostienen el canal recubierto de losas que permitía que circulase el agua. Originalmente 47, ya no son más que 35 en la actualidad, los demás fueron destruidos probablemente alrededor del siglo XII cuando se realizaron pillajes para recuperar las piedras que sirvieron para la edificación de otras construcciones. Esas destrucciones solo acentuaron el declive de una obra monumental que durante cinco siglos alimentó de agua la ciudad de Nimes.

El recorrido de la obra es sinuoso, evoluciona sobre 50 km en un paisaje de montes y de valles que exigieron grandes obras de soterramiento y de relleno. Una hazaña, visto el desnivel que en todo el trayecto no excede de 12,6 metros, pero los romanos se habían convertido en maestros en el arte de solucionar los problemas técnicos con los que podían toparse. El acueducto terminado será enterrado en su mayoría, pero diecisiete obras al aire libre participarán en el transporte del agua.

Mil obreros

Dejemos al visitante seguir con su camino y salir a descubrir lo más intimo de esta imponente obra. Pero aconsejémosle que avance tranquilamente, que se tome su tiempo, que observe. Que no olvide levantar la cabeza para descubrir las numerosas señales, dibujos o inscripciones dejadas por los compañeros que tallaron y reunieron esos enormes bloques de piedra. Eran numerosos esos obreros encargados de edificar un monumento como este, eran cerca de un millar seguramente los que extrajeron, transportaron y tallaron las piedras que provenían de la cantera del Estel situada a unos cien metros del lugar de construcción.

Se cree que no hicieron falta más de 5 años para terminar el edificio pero después, durante cerca de 10 años, hubo que realizar ajustes y reparar fugas. La gigantesca obra no tendrá una duración de utilización a su medida.

En el siglo IV, la falta de mantenimiento del conducto por donde circula el agua lleva a la aparición de depósitos calcáreos que a lo largo del tiempo acaban por dañar en gran medida el lugar. A partir del siglo VI, el acueducto ya no es más que un monumento abandonado.

Nueva juventud

La Edad Media va a devolverle la vida otorgándole una nueva función, se convierte en un lugar de paso, permitiendo a todos los que se dirigen de Uzès a la feria de Beaucaire, cruzar el Gardon. Con el fin de facilitar la circulación de personas, animales y carretas, se ensanchan las pilas de arcos del segundo nivel y se excavan rampas de acceso en cada vertiente.

En la actualidad, se accede fácilmente a este nivel de circulación y es sorprendente la anchura de la calzada, pero lo que el visitante ignora sin duda es que no circula sobre la parte romana sino sobre el puente que se le adosó. En efecto, a finales del siglo XVII, tras década de degradaciones, se realizaron unas obras para conservar el monumento. De este modo en 1743 el ingeniero Henry Pitot inicia la construcción del puente vial adosado al monumento histórico. La verdadera restauración del puente sobre todo con el taponamiento de los ensanchamientos hechos en las pilas, se realizará en dos etapas entre 1843 y 1858.

En 1985 el Puente del Gard es inscrito en el Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO y en 2004, recibe la etiqueta de Gran Emplazamiento de Francia. Desde 2000, gracias a un proyecto de acondicionamiento, el Puente del Gard ha recuperado su nueva juventud.

Encuentro con

Sonia Sabatier , Mediadora cultural y responsable del museo El ruido del agua que corre, una semi-penumbra... una visita del museo: pedagógico, lúdico y sumamente interesante.

El Puente del Gard no es más que un eslabón. En ese museo hemos querido restituir el viaducto en sus 50 kilómetros y contar el porqué del Puente”, explica Sonia Sabatier, mediadora cultural y responsable del museo.

Nimes está en un buen lugar con sus ricos notables romanos quien en aquella época de calienta-agua, bañera. “El agua es un hilo conductor, es la razón por la que el ruido del agua que corre acompaña al visitante”. ¿Y esta semi-penumbra que sorprende? “En las tuberías que llevaban el agua, explica Sonia Sabatier, había sombra. Este ambiente es el que se ha reconstituido”.

Durante la visita que dura más de una hora, hay cosas espectaculares. Con la reconstitución a tamaño real de una cantera y de dos arcos del último piso del puente. ¡Parece que estamos allí!

Lo que me sorprende, insiste la responsable del museo, es la sorprendente técnica y la fabulosa organización puesta en marcha por los galorromanos para terminar esta obra. Se pudo hacer todo porque tenían un formidable conocimiento de la piedra y de la topografía del terreno”.

Maquetas, dibujos, reconstitución de hábitats... la epopeya del Viaducto, en el museo, se extiende sobre 2.500 m2. Una visita lúdica y pedagógica. Por qué el puente sigue ahí. ¡También se explica eso! “Sencillamente porque ha tenido, resume Sonia Sabatier, una nueva juventud. Su reutilización en puente vial para cruzar el río, lo ha salvado”.

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