Figuritas de brujas entrenándose con las fuerzas especiales

En Villefranche, las fortificaciones parecen un decorado de postal. En Mont-Louis, están casi escondidas... pero los soldados no son de cartón piedra.

Acurrucada en el fondo de un valle, Villefranche de Conflent, con sus tejados de tejas rojas y sus fortificaciones despliega su encanto medieval. Las figuritas de brujas revolotean en los puestos. Los colores sangre y oro flotan en un cálido viento del sur.

A la sombra de las murallas, una decena de "papés y mamés" sentados tranquilamente, hacen de oficina de turismo 2. Con un bebé en brazos, una joven parisina avanza hacia el grupo de ancianos “Disculpen, ¿no sabrían decirme dónde puedo sacar los billetes para visitar Fuerte Libéria?”. A cien metros, en la calle principal... ¿Y para llegar hasta allí? Tiene varias opciones: un camino de tierra bucólico y 20 minutos andando o la escalada un poco deportista de un subterráneo de 1.000 escalones. O el autobús gratuito aparcado en la plaza”, precisa un abuelo con voz ronca.

Ahí arriba, la ciudadela, colocada sobre un espolón, parece proteger el pueblo. El Canigó está muy cerca. El tren amarillo empieza lentamente su subida hacia otro emplazamiento edificado por Vauban: Mont-Louis. En este pequeño pueblo de montaña, el fuerte parece escondido en la vegetación. “Es extraño, la ciudadela solo se ve cuando se tiene delante de las narices”, suelta un visitante venido del norte. Un visitante que no ha llegado al máximo de sorpresas: tres siglos después de su construcción, el fuerte sigue ocupado por militares. (El Centro Nacional de Entrenamiento de Comando). En ropa de combate, una unidad de las Fuerzas Especiales irrumpe ante el grupo de visitantes. El interés de la ciudadela ya no es estratégico. Aún menos defensivo. Es pedagógico. Los militares se entrenan allí y se forman. A Vauban, quien daba mucha importancia a proteger la vida de sus soldados, le habría gustado.

Militar y humanista

Vauban el constructor de Fuerte Libéria y Mont-Louis

Muy cerca de Canigó. Mont-Louis y Villefranche de Conflent: dos ciudadelas. Una inconquistable. La otra jamás atacada. Fueron edificadas por Vauban, genial arquitecto militar del rey Sol.

Al haber conquistado Luis XIV nuevos territorios, Vauban va a poner a Francia al amparo de las amenazas y a dotar al reino de un "cinturón de hierro", conjunto de ciudades fortificadas alrededor del país. En el noreste, incita considerablemente a Luis XIV a hacer su "predio exclusivo" y refuerza las fortalezas que estima esenciales. De este modo, desde Artois a Franco Condado, la frontera estará protegida por dos líneas de ciudades con fortificaciones, una disuasión eficaz frente a las eventuales veleidades de los Países Bajos españoles. Por la parte marítima, se contenta con fuertes avanzados armados con cañones: mar, rocas y acantilados son estimados suficientemente protectores.

El enemigo español

No ocurre lo mismo con la zona montañosa que linda con España. Tras el tratado de los Pirineos que concede Rosellón y Cerdaña a Francia, las posiciones se han consolidado para evitar las incursiones españolas. Vauban va a hacerlas más seguras. En 1678 construye Mont-Louis, una ciudadela edificada en dos años por 3.700 soldados con los materiales locales.

De forma cuadrada, Mont-Louis está flanqueado por cuatro bastiones y tres medias lunas precedidas por un ancho foso seco. Pasada la muralla con su puente levadizo, pasadas las monumentales puertas que cortan el acceso interior, se extiende un ancho patio. Está rodeado por edificios necesarios para la vida del ejército: casernas, arsenal, enfermería, iglesia, pozo, vivienda para el Gobernador... La plaza no será tomada nunca.

Con el fin de proteger Conflent, zona neurálgica cercana a España, se construye Fuerte Libéria a partir de 1680, encima de Villefranche a la que está conectada por un subterráneo que cuenta con 734 escalones. Centinela construida en posición dominante, el fuerte se encuentra en un lugar escarpado muy disuasivo. Su muralla imponente, está bordeada en el interior por un camino de ronda que permite vigilar toda la zona.

Esconder las ciudadelas

La técnica es igual en todas partes. Utilizar siempre la topografía del terreno para asentar una construcción. Partiendo de esta idea, el genial militar coloca con gusto el fuerte en el borde de un precipicio, de ese modo puede dedicar su defensa a los demás puntos. En cuanto se acercan, los atacantes llegan a un glacis, pendiente terraplenada que precede a gruesas paredes, las balas de los cañones se pierden en ella, el enemigo está a descubierto.

Después viene un ancho foso y bastiones salientes y medias lunas que se intercalan. Los asaltantes se encuentran sin cesar con nuevos obstáculos mientras que los asediados tienen una vista despejada sobre todo el terreno de operación. Sin ningún ángulo muerto. Sin posibilidad para el enemigo de efectuar tiros en fila, un encerramiento muy estudiado, la ciudadela bien escondida más abajo de las fortificaciones se convierte en invulnerable.

Fuerte Libéria no será atacado nunca. Mont Louis inconquistable. Dos ejemplos de ingeniería militar de un hombre dotado, valiente, curioso y pragmático.

Observado por Mazarin

Sébastien Le Prestre marqués De Vauban, se ilustra de muy joven por hechos de armas y se hace notar por Mazarin. Deja entonces el ejército de Condé por el de Luis XIV. Comienza su brillante carrera. Solo tiene 20 años. Su talento lo desmarca, sus éxitos le llevan lejos. Rápidamente obtiene el título de ingeniero militar responsable de las fortificaciones. Más tarde, será nombrado Comisario General y Mariscal de Francia, la más alta distinción militar que se pueda acordar.

El hombre es un estratega brillante. Elabora una técnica imparable para hacer caer rápidamente las ciudades asediadas. Localizar los lugares vulnerables. Cortar cualquier posibilidad a los refuerzos de poder intervenir. Preparar el terreno a distancia de las fortificaciones excavando zanjas paralelas para alcanzarlas. Los medios utilizados por Vauban surten efecto, sobre todo en Maastricht donde el asedio será de una duración muy corta.

Paralelamente, Vauban pone a punto una arquitectura de defensa de lo más eficaz, mucho más adaptada a los asaltos apoyados por cañones. Así pues tras la toma de Lille, construye su primera ciudadela. Como las demás, es inconquistable.

No es más que un comienzo. Vauban recorre el país, diseña fortalezas, restaura y mejora las que parecen frágiles. Vauban no es solo un hombre de guerra. También es un humanista. La arquitectura de sus fuertes permite limitar considerablemente el número de muertos en combate.

Otras fortificaciones Vauban esmaltan Rosellón: El Fuerte de Bellegarde en Perthus, el Fuerte Mirador en Colliure, el Fuerte St Elme entre Colliure y Port-Vendre, el Fuerte des bains en Amélie les Bains, el Fuerte La Garde en Prats de Mollo, la fortaleza de Salse.

Como otros diez emplazamientos mayores de Vauban, Fuerte Libéria y Mont-Louis están clasificados como Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Encuentro con

Pierre Méné, Fort Libéria El eslabón fuerte de la ciudadela

Su pasión por las piedras antiguas le ha llevado a restaurar Fuerte Libéria. Una ciudadela Vauban colocada encima de Villefranche de Conflent. A sus 72 años, continúa el trabajo de su vida para transmitir la obra a las jóvenes generaciones.

Este castillo, es un poco toda su infancia

Soy un niño del pueblo. Aparte de mi paso por el ejército, siempre he vivido en Villefranche de Conflent. Mis padres compraron la taberna y la restauraron. De joven, ya me apasionaban las piedras antiguas. Vivo en una antigua curtiduría que he reformado por completo. Me gustan las piedras porque evocan el pasado y saben hablar a los que quieren comprenderlas.
El castillo también forma parte de mis recuerdos de infancia. Con mis amigos, nos colábamos en los subterráneos para acceder a él.

¿A quién pertenece el castillo en la actualidad?

Fue comprado en 1957 por D. Marcel Puy quien me lo cedió por arrendamiento enfitéutico y a otros tres comerciantes. Los demás abandonaron y me encuentro, en la actualidad, siendo el único al cargo. Pensaban que les aportaría dinero. No es el caso.

Ha sido el alma de esta restauración

He hipotecado todos mis bienes. Pero no ha bastado. Me ocupo por completo desde hace 25 años. Es la obra de mi vida. Hacía falta un eslabón para transmitirlo a las generaciones futuras.
Tras tres años de restauración, pudimos abrir al público en 1985 y obtuvimos el primer premio nacional de restauración del patrimonio. Posteriormente ha llegado la inscripción en el inventario de los monumentos históricos. El fuerte ha sido clasificado como monumento histórico y enseguida hemos sido reconocidos por la UNESCO.

¿Cómo va a evolucionar el Fuerte Libéria?

Tenemos proyectos de restauración: están previstas la reparación de los tejados, la reconstitución de una cámara de soldados, la restauración de las cañoneras. Al igual que el arreglo de la batería intermediaria a medio camino del pueblo donde doce soldados garantizaban la guardia.

¿Cuál es su mayor emoción ante este fuerte?

Ver el fuerte, al caer la noche. Cuando las cañoneras se iluminan, se parece a una pista de aterrizaje gigante para aeronaves.

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